La leyenda de la flor de Sakura: Durante la Era mejí, en Japón, era muy común que se fuera a buscar la las casas a los mejores samuráis que había sin importar lo viejos que fueran. Durante años se mantuvo una guerra que se cobró numerosas vidas. En esta época florecían los árboles de Flor de cerezo o flor de ciruelo. Por aquel entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada, de un samurái en batalla, que se viera con otro hombre que no fuera de su familia; (o pena de muerte). La ley establecía que cualquier mujer seria libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate. Curiosamente en registros nunca se encontró ninguna mujer ejecutada por esta ley, y sin embargo se encontraron tantas mujeres muertas como samuráis de distintas zonas. Ninguna de estas mujeres fue asesinada, ellas mismas lo hacían escribiendo el nombre de su esposo muerto en batalla si este era un samurái. Esto siempre lo hacían frente a un árbol de flor de cerezo que con la sangre que absorbía se fue tornando el color rosa. Siempre que un samurái marchaba a la guerra, se sembraba un árbol de Cerezo en su honor... O por si fuera necesario.

 Las geishas y el mal entendido.

 

Geisha: En japonés, geisha significa “persona de las artes”, es un experto en artes tradicionales como la música, la danza, el canto y la ceremonia del té.

Inicialmente los hombres eran geishas  (kabuki odori) que tenían una finalidad muy similar a los juglares medievales en Europa, pero a través del tiempo las mujeres se hicieron cargo de tal actividad. Algunas probablemente hayan sido cortesanas, pero la mayoría no lo eran.

La tradición de las mujeres geishas se afianzó, junto con un estricto código de conducta y la jerarquía. La mayoría de las geishas vivía en una casa que se llamaba una okiya, propiedad de una mujer que también era una geisha. La mayoría de okiyas preparaban jóvenes o  criadas para este oficio. En muchos casos las niñas fueron vendidas a okiyas, y eran de propiedad de la casa hasta que la niña pagaba su precio de compra.

Las Geishas eran  entrenadas  escuelas locales y había profesores especializados en cada área de formación: shamisen, danza, flauta, tambor y ceremonia del té. También se les  enseñaba el arte de entretener en las fiestas, bailar, cantar, reír ,conversar ingeniosamente y  hasta la forma de verter el sake.

Estando sus raíces ligadas al teatro kabuki, podemos inferir que de allí también proviene la tradición de pintar su cara en blanco.

Una visión popular de la geisha es que eran prostitutas. Algunas prostitutas se hacían pasar por geishas con el fin de atraer a los hombres, pero una geisha verdadera rara vez participan en las relaciones sexuales con sus clientes.

Las prostitutas se vestían en kimonos, con exceso de maquillaje y excesos de adornos en el peinado, por lo que por nuevo edicto del shogun Tokugawa, y para protección de la imagen de las geishas, se obligaba a las mismas a moderar su vestuario y maquillaje para poder diferenciarlas de las prostitutas.

De hecho, las geishas eran, ante todo, artistas formadas en escuelas especiales. La presencia de una geisha se consideraba esencial para el éxito de una fiesta privada. Varias  geishas presentes daban al anfitrión un estatus e imgen de poder y riqueza.

Una geisha también podía haber tenido un patrón personal o danna, y en esta relación podía tener  encuentros sexuales, pero fuera del entorno de trabajo de las geishas. El danna era generalmente un hombre rico que podía darse el lujo de pagar los gastos de las geishas para la escuela, clases, recitales privados e incluso la ropa. Con un danna rico, una geisha podía darse el lujo de romper con una okiya y vivir de forma independiente, si así lo deseaba.

En el año 1779, las geishas fueron reconocidas como artistas, y se adoptó el sistema “Kenban” para supervisar a las geishas de la zona, y restringió su número por debajo de 100 artistas, protegiendo así a las geishas de que cayeran en la prostitución. El kenban, permanece aún hoy en día funcionando como una especie de sindicato de las geishas.

Los barrios de geishas más famosas se encuentran en Kioto, y los turistas todavía se pueden ver las niñas en el kimono elaborados, adornados de la aprendiz de geisha. Son cinco comunidades en Kyoto: Ponto-cho, Gion-Kobu, Gion-Higashi, Miyagawa-cho, y Kamishichiken.

Las geishas de Kyoto hablaban en dialecto “kiotense”, que se sigue hablando en la actualidad. En kiotense geisha es geiko.